Viajeros Turi-Notas
 
 

CUBA Por JAN HENK KLEIJN

Cuba es la revolución y la revolución es Fidel Castro y Fidel Castro esta en sus últimos años. Es el fin de una etapa histórica. Lenin y Mao ya no viven más. El comunismo en Rusia se cambio en capitalismo y lo de China tampoco es como los líderes de entonces soñaron. Pero Fidel todavía vive. Cuando él comenzó con su revolución, nosotros los jóvenes soñamos de la igualdad, oportunidad para todos y cuando comenzaron salir los datos sobre una educación libre y de alta calidad, de medicina avanzada, un cine extraordinario y una participación de todos para todos nos sentimos, jóvenes de Europa, que, al fin, llego la hora de una sociedad justa. Fue difícil más tarde de aceptar el régimen totalitario que, según sus voceros, era necesario para defender la libertad.  Ahora en estos últimos momentos históricos, y con el valor del dólar muy bajo se nos presentó la oportunidad y queríamos formar parte, aunque muy, muy lejos, de  este historia.

Entonces compramos una guía turística, llamamos a amigos y familiares y nos fuimos con un tiquete de tour -todo incluido- y con los consejos grabados en el oído: cuidado, allá ellos son muy pobres, puedes tener problemas por la falta de comida. Cuidado, allá no se cambian tarjetas de banco y tienen que llevar suficiente dinero.  Cuidado, Cuba es una dictadura, no se puede hablar con la gente y menos criticar a Fidel y su régimen. No piensas que vas a comer bien, lo único que tienen es pollo frito. La ultima noche nos llama una amiga:” cuidado, no llevan dólares, te sales perdiendo, cambie todo en euros”  y así, temprano, cargados con nuestras maletas cambiamos nuestros dólares en euros en la entrada del aeropuerto.

Antemano aceptando condiciones dignas de una reality, abordamos un avión moderno donde nos sirvieron un sándwich igual a los sándwiches de las otras aerolíneas internacionales. Descendemos en el  aeropuerto moderno de La Habana donde nos esperan y nos llevan a un bus último moderno, aire condicionado, ventanas panorámicas en un diseño moderno.  El bus pasa sobre una autopista amplia, muy bien entretenida bordada por campos verdes. La autopista cambie en una avenida lujosa, bordado de edificios clásicas.

Vamos al hotel Rivera donde nos hospedan y en nuestro libro guía leemos: hotel Rivera construido en 1957 por el mafioso estadounidense Meyer Lansky, amigo de Al Capone, con 354 habitaciones,… y no puedo resistir de reír; querer visitar la ultima vestigio de la revolución y dormir en un hotel de una época que dio la razón de ser de la misma revolución.  En la gigantesco lobby nos observamos las obras de arte y tomamos una cuba libre con vista al mar.

Por la noche, sentada en el restaurante en el último piso, con músicos que nos toca con violines temas de mi juventud nos deleitamos con una atardecer y me siento en Miami beach, muy, muy lejos del Cuba que estamos buscando. Esta noche dormimos en una cama de un tamaño extraordinario sobre lo cual se construyó una obra de arte con las toallas: dos cisnos enamorados.  El sueño nos sedujo en un estado de confusión.

En la mañana en el ascensor entra una niña en vestido de la revolución, pantalones negras anchas, chompa y moral, una boina con la estrella de Che. Ella lleva una rama de flores en la mano y regala uno a mi señora. Es el día de madre y ella acabo de atender una conferencia sobre la paz y juventud. Al fin algo de la revolución. Pero el desayuno rompe esta ilusión. En un sótano inmenso nos espera una cantidad de mesas cargadas de bandejas con una variedad de comida: panes, queso, carnes, huevos en todo tamaño y estilo, leche, yogurts cornflaques y el personal listo para ayudar.  Los turistas de todas las naciones, en sus pantalones cortos, camisas de vacaciones contrasten con la elegancia y abundancia.

Un bus, igual de moderno y confortable, nos lleva por un tour de la ciudad Habana. De nuevo sobre avenidas anchas y limpias, pasando edificios clásicos, pocos carros. Es domingo pensábamos. Nuestro guía, todo un señor digno y intelectual, de cabello y bigotes blancos nos explica la historia de Cuba, datos que desliza mientras buscamos imágenes que corresponden a que buscamos.  Sentimos que los otros turistas viven con la misma inquietud, con mucho cautela preguntan por la población, donde viven, que hacen, la política de hoy y ayer. El guía les contesta, y sigue con su cuento de la historia Cubana, los españoles, las guerras, las injusticias. Pasamos por el hotel nacional donde el bus se hace una vuelta en frente de la entrada, la plaza de la revolución, un enorme espacio con el monumento José Marti y vemos dentro nuestra fantasía la plaza llena de público y Fidel Castro con su cara delgada y su barba en sus interminables discursos.

 En el centro, con sus esplendidos edificios recién pintados, parques verdes, terrazas y los turistas separados en grupos, cada uno con su guía, los caleces y por todas partes las bandas de música tocando los temas conocidos de Cuba.  En un momento de desesperación pregunto al guía:” ¿pero donde viven los Cubanos, donde están?”.  “Aquí”, contesta, “según las estadísticas, la población lo mas densa es aquí, en el centro de Habana”.

Pasamos por el hotel donde se hospedaba el escritor Hemmingway y el bar donde el se hizo famoso, no tanto por sus escrituras pero mas bien por sus borracheras.  Cuando nos sentimos saturados por la historia nos despedimos del grupo y comenzamos nuestra búsqueda. Entramos en calles con niños jugando, carros viejos. De repente me daba cuenta que desde atrás  de los muros se escucha un murmuro de una gran multitud, como atrás de las puertas y ventanas vivían miles de gentes.  Y en mi libro lee que a las 6 de la tarde la gente salen de sus casas para hablar, jugar y disfrutar la frescura del fin del día.  Vimos unas señoras de edad, bailando entre ellos en su sala, veíamos las entradas con patios vacios sin pintura, otros patios llena de matas y en las calles cerca del centro los restaurantes, elegantes, decorados de madera y cristales tal como en los viejos tiempos.  Me despertaron recuerdos de la elegancia de Viena, capital de Austria, Cartagena de Indias en Colombia y otras capitales  en el Trópico, pero aquí con alegría y en el mismo tiempo calmado, maduro, seguro de si mismo.  Nos sorprendimos por la elegancia de los hombres con sus rasgos clásicos y elegantes española, especialmente ellos de edad avanzados. Dormimos una siesta breve sobre una banca en un parque abajo un techo de hojas de arboles, envuelta en el murmuro de los turistas, el canto de los músicos  y vendedores de tarjetas y camisas de Che Guevara que parece ser  más comercial que Fidel Castro.

El día siguiente es el día de peregrinaje personal a mi amigo Carl quien murió hace dos años. Carl era suiza y andariego, aventurero inquieto.  En uno de sus aventuras en central América alguien enveneno su trago y cuando Carl se despertó el se encontró con mas jóvenes en un barco rumbo a Cuba para llenar las filas de tropas de Fidel Castro en el monte.  Los nuevos amigos que no quisieron colaborar lo mataron y Carlos se quedo recibiendo un entrenamiento militar en la sierra.

Algunos días antes de la entrada triunfal de Fidel en Habana, Carl y un grupo de amigos fueron enviados a las muelles de Habana para quemar el azúcar que estaba almacenado en las bodegas, no solamente como acto de sabotaje contra el régimen corrupto de Batista pero también para desviar la atención al avance de Fidel y sus tropas.

Cuando ya lograron de poner fuego al azúcar llegaron los militares y comenzaron a matar los infiltrados.  Para escapar las balas Carl y sus compañeros treparon encima del techo.  Azúcar, una vez quemando es muy caliente y el techo pronto se convirtió en un horno. Los muchachos trataron de saltar al mar pero se desplomaron sobre el muelle. Los demás recibieron  balas. Carl en un esfuerzo, según el dice, rompió cualquier record olímpico, logro saltar en el mar y consiguió refugio en un barco Ingles. Fuimos a buscar las bodegas en el muelle que ahora están vacio, ningún barco espera en la bahía y la crisis del bloqueo es aquí visible. Un obrero, con cigarro grueso cubano me sonríe y me dejo hacer una foto de el con en el fondo ruinas de una bodega y me preguntó si uno de ellos todavía lleva los rasgos de las balas y el fuego. La niña con su vestido de revolucionario en el ascensor y este muelle fueron las únicas elementos que nos dejaron acercarnos a lo que fuimos a buscar.

Ya es tiempo para comprar los regalitos pero antes cambiar nuestros euros. Los pocos pesos se fueron en el cuba libre y taxis. En nuestro libro puedo leer que hay dos economías. Lo del turista y el de los cubanos.  El peso para los turistas se llama convertibles y el Cubano tiene su peso Cubano.  En principio el cubano no debe tener pesos convertibles y el turista no debe pagar con pesos cubanos. Pero, según el libro, valdría la pena de cambiar algunos de nuestros convertibles en pesos Cubanos en bancos o sitios de cambio que se llama cadecas.

Había gente esperando, algunos sentados en una sofá cubierto de plástico verde, otras hablando entre ellos. A la señora en la entrada preguntamos si había una fila. Ella sonrió amablemente y digo:” Este señora allí es la ultima, antes de ella es este señor” y apunto a un señor sentado. Encontramos un fenómeno agradable de Cuba. Si hay filas pero no se siente la obligación.  Todos se sitúan donde quieren y respetan quien es la ultimo.

Pensamos que 50 euros será suficiente pero la cajera nos miro gentilmente y digo:”Ustedes saben que están haciendo?”.  No asustamos porque, como sabíamos, el peso cubano es para los cubanos y el convertible para los turistas. “Es mucho dinero, no serán capaces de gastarles” y ella nos devolvió algunos billetes y por el resto nos entrego una faja de grandes billetes de pesos Cubanos.

Ahora rico fuimos a buscar almacenes pero los supermercados para los cubanos no tenían mucho mercado. El más necesario como jabones, frijol etc.  Nada para llevar a los amigos. En las plazas pequeñas los vendedores esperaban atrás unas frutas o legumbres y en la panadería atrás de la vendedora la estantería estaba vacía. Al lado de ella un montoncito de pancitos.

Preguntamos a un vendedor en la plaza y el nos conto que el era un profesor de la universidad. Hizo sus estudios en Moscu. Ahora esta pensionado y para no aburrirse, al igual de sus amigos alrededor, trabaja como vendedor. Pero, también, la pensión no es muy alta. Este nos confirmo la guía del bus que también era profesor de la universidad. Con los propinas de los turistas ganaba muchísimo más y pudiera tener sueños para comprar una nevera, un televisor, un carro, hasta viajar. Por la noche nos quedamos en frente del televisor, acostados sobre una cama sobre lo cual había cupo para 10 personas. Podemos escoger entre programas de Rusia, Venezuela, Cuba y todos los otros programas que se encuentra en TV por satélite. 

Hay problemas en México, una señora cuenta llorando que sus hijos están muriendo de hambre y que le sacaron de su casa. Nos han confirmado que este no pasa en Cuba, puede ser que ganan muy poco pero la vivienda esta garantizada, aunque pequeño, una buena educación, salud y universidad para ellos que pueden. Es una vieja pregunta:”que es mejor, la libertad con la posibilidad de hambre e ignorancia e explotación”, o …

En Europa conocemos de cerca con Alemania Oriental, la caída del muro de Berlín,.. Puede ser que es esta pregunta nos hizo, entre otros, emprender este viaje. Pero la confusión no se ha extinguido.

El bus de lujo nos llevo el tercer día hacia las verdaderas vacaciones de ocio en la península  de Varadero. En el camino nos sorprende la buena calidad de la carretera, los pocos automóviles y pocos trabajadores en el campo. De vez en cuando unas bodegas grandes y abandonados.

El superclub Paradiso-Puntarena es nuestro hotel. El interior del lobby de dos pisos de alto parece un bosque con sofás y sillas super confortables.  Sentimos un poco perdidos en este espacio y encontramos niños jugando billard, ping pong y nos preguntamos lo que quiere decir “todo incluido”. Lo descubrimos poco a poco; no  se paga nada. Se puede emborracharse sin un peso extra, los shows in la noche nos permiten entrar sin tiquete y el desayuno y comido se sirven en un gigantesco comedor  acompañado por un conjunto de música. Los almuerzos lo tomamos en una cabaña cubierto de techo de paja al lado del mar. Por la noche descansamos del “no hacer nada”  con un trago al lado de la piscina y jugamos ajedrez gigante y por la primera vez en mi vida estoy capaz de pasar la mayor parte del día en la playa con su arena blanca y el agua azul transparente en una tranquilidad absoluta con, de vez en cuando unos pescadores pasando, lanzando su tarraya.

Son pocos los turistas internacionales y la mayoría de los huéspedes son cubanos. Preguntamos al mesero de donde vienen  y el nos cuenta que ellos son trabajadores en fabricas o en el campo que, por una productividad excelente o otros calidades les han regalado este estadía.  Son amables, de buena riza y dispuesto de participar en cualquier actividad. Lo que llama la atención es la gran cantidad de comida que absorben.

La última noche charlamos con el mesero. Ellos saben cuando es la última noche y no se alejan de la mesa. La propina les espera y es su ingreso principal con lo cual alimenta su familia y le da el lujo de comprar algo más que lo de normal como todos los otros cubanos.  El también es ex profesor de la universidad. También con un diploma de la Universidad de Moscú. El apunta, igual a el y el y el,..

La propina es una cosa rara en un tour donde todo esta incluido. Según el libro el mínimo lo que debe pagar es un peso convertible, que es 25 pesos cubanos. El sueldo pro medio por mes es 400 pesos cubanos.  Una comida en los restaurantes para el cubano puede costar entre 1 y 3 pesos cubanos.

El libro dice que es la costumbre de pagar propinas y todo el mundo lo espera, con elegancia, nunca grosero o empujando. Y si no da, no importa, la sonrisa y gentileza esta siempre presente. ¿Pero cuando uno debe paga,  por cualquier servicio, cualquier gesto de buena voluntad?

Estos dos mundos son complicados y confusos. Son tan separados que hace difícil entrar en los dos, aun imaginaria. Nos acostamos temprano, porque a las 3AM debemos estar abajo, esperando el bus. Sentimos un gran respeto por los cubanos, basado sobre lo poco que hemos visto. Vale la pena de volver, con más tiempo, menos “tour”, más donde la gente. Puede ser más como un reality.

Vinimos de un país donde, entre el campesino y  el obrero  y la clase dirigente hay un mundo tan grande como entre los turistas y los locales aquí en cuba. La diferencia es que el campesino y el obrero lo sienten, lo manifiestan, con este sentido de desconfianza, de sentirse inferior. No es que los poderosos lo quieren así, posiblemente ni siquiera son conscientes. Pero aquí nos damos cuenta como es cuando este diferencia de clase se ha ecualizado, cuando sentimos este orgullo y seguridad de ser Cubano, no importa que trabajo ocupa.  Lamentamos nuestra reflexión que nos dice que el turismo será el veneno que creara, o esta creando  esta división, y que nosotros estuvimos aquí, por un ratito, como turistas.

 

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